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Él solo podÃÂa asentir con la cabeza, no encontraba las palabras… ella llevó sus dedos pringosos de lÃÂquidos hasta su propia boca y en un gesto de lujuria los lamió sin retirarle la mirada,... |
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Jajaja, el ilustre tÃÂo Anselmo, blasonado en herencia, se puso de pié, abrochándose la chaqueta y atusándose el flequillo, para darle más pedigràa sus palabras | |